Corrientes

Exiten

corrientes de agua.

Corrientes de calor.

Corrientes de frío.

Corrientes literarias.

Corrientes históricas.

Corrientes artísticas.

Corrientes generacionales.

Corrientes alternas.

Corrientes continuas.

Y al final,

están

tus corrientes besos

susurrando corrientes palabras

lanzadas entre corrientes de aire

que salen de tus labios

sobrevolando mi cuerpo.

Creando,

una corriente eléctrica

sobre mi piel,

de alto voltaje.

 

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Deva.

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Alma

Dicen

que los ojos

son el reflejo del alma.

Así que,

si tan bien me conoces,

mírame

e intenta descifrar

que misterios

se ocultan

tras el iris de mis pupilas,

y así,

a lo mejor,

sabrás

lo que guardo

en

mi

alma.

Deva

Observo almas.

Cuando quiero observar almas,

me oculto tras mis gafas de sol.

Y miro.

Busco.

Rebusco.

Nada.

Todas vacías,

todas con patrones sociales,

todas negras,

todas tristes.

Cuánta razón se tiene

cuando dicen

“La cara es el espejo del alma”

Y sigo mirando desde la terraza,

con mis labios

empapados en café amargo,

esperando encontrar,

esa alma

que brille tanto

que me

deslumbre.

Deva

Último “Domingo de fotografía” del 2017

Me llené de tus luces mágicas

las últimas horas del 2017

comiendo los últimos donuts en Atocha

y riendo a carcajadas

saboreando una “lemon pie”

a la puerta de pastelerías.

Me perdí entre montañas de libros

en viejas librerías de Lavapies

y me rechupetee los dedos

saboreando gambas

en garitos perdidos del mundo.

Y mientras

caminabamos

en plan “enfants terribles”

calentándonos las manos con café de llevar,

sonreí

y

lancé

un beso al aire,

para

todos

vosotros.

Deva

En aquella noche de insomnio.

En aquella noche de insomnio,

nos quedamos hablando de gafas,

de monturas de pasta.

Y de marsupiales con monóculos,

que juegan calzados con botas de sus descendientes.

En aquella noche de insomnio,

nosotros,

dos absolutos desconocidos,

comprendimos que

a lo mejor,

estabamos destinados

desde el nacimiento

a conocernos.

En lugares inhóspitos

y mágicos,

donde a veces,

por casualidad,

encuentras personas auténticas.

Y raras.

Y locas.

En aquella noche de insomnio,

mientras me decías majaderías de las tuyas,

me reí a carcajada limpia,

entre sábanas de unicornios

y comprendí,

que en ese

preciso instante,

era feliz.