Despedidas agridulces

Desde pequeña he odiado las despedidas, sobretodo las definitivas.

Creo que cada persona que pasa por mi vida siempre me arranca un pedazo de mi yo interno, más grande o más pequeño, pero siempre se terminan llevando algo.

Algunos se llevarán algo bueno, otros cosas vacías sin sentido, otros alguna tontería dicha en un momento de locura, una risa, un llanto…

¿Y yo, qué me llevo?

Me quedo con momentos, con frases, con palabras, con gestos, con fotografías, con mucha música, con arte, con delicatessen, con películas… Con instantes de evasión de mi vida de rutina…

Pero también me llevo el vacío, el vacío de las despedidas, el vacío de “eres demasiado especial, cuídate”, el vacío que provocan algunas palabras, vacío en general, vacío sin sentido.

Así que para mí  todas las despedidas tienen sabor agridulce.

Dulce porque me quedo con todas las cosas que aprendo de cada una de las personas que pasan por mi vida.

Agrio porque hay muy pocas que merecen la pena y van desapareciendo todas poco a poco.

Hoy me quedo con lo dulce, mañana, quien sabe…

Devaimage

 

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One thought on “Despedidas agridulces

  1. Me gustó el escrito. Sin embargo, opino que no tiene que haber despedidas ni siquiera agridulces ni tampoco evasivas en su diario. Es solo cuestión de intentar las cosas de una forma distinta a cómo las hacía hasta ese momento. Es muy posible que todo sea distinto pero a la vez fascinante.

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